8 sept. 2014

La paz, esa novedosa inversión. Sin víctimas no hay urgencia de paz.

Todo es mercancía... el saber, la salud... ¿y por qué no la paz? Una novedosa inversión, nos dice Marta Lucía Fernández Espinoza, desde Colombia...
Por Marta Lucía Fernández Espinosa

Sin víctimas no hay urgencia de paz. Matoneo (bullying), desaparecidos, torturados, privatización de la educación, madres solteras o cabeza de familia, quemados con ácido, microtráfico de estupefacientes, víctimas del conflicto armado, desempleados, víctimas de desplazamiento forzado, violencia contra la mujer, asesinato de mendigos, víctimas de extorsión, abuso sexual infantil, las mujeres y niños reclutados por la guerrilla (extrañamente no se mencionan los siglos de vejación de niños y mujeres), el racismo y las formas de exclusión, que incluso no podrán ser negociadas en La Habana ya que tienen un origen colonial.

Seguramente no reclamaremos la reparación de estas víctimas y estaremos de acuerdo en que persista la impunidad de los verdaderos violentos, de todos los que huelen a pólvora desde hace siglos y con quienes no se está pactando la paz. Siempre hemos estado de lado del verdugo y le dejamos contar nuestra historia. Pero también hay otras víctimas cuyos defensores son los ambientalistas y los defensores de animales. ¡El looser o perdedor está en escena!
La primera víctima en el proceso era La Ley, la máxima parodia colombiana la protagonizaba el presidente Uribe, atacando directamente a la rama legislativa. Del lado de la víctima teatral está la república, el republicano y su «plebecracia»; esa democracia rancia al perverso estilo romano, en donde el pueblo son sólo los hijos de los patricios, un puñado de blancos aristócratas, las montoneras son la plebe y para ellos jamás ha existido posibilidad política.
A este actor le corresponde alcanzar el máximo aprecio por las leyes. Son exactamente los Republicanos, que en los últimos tiempos vuelven a hacerse llamar masones. Son aquellos que dicen «este es un gobierno de leyes y no de hombres» y defenderían a capa y espada que la libertad es un concepto, así en el mundo no exista ni un sólo individuo libre, y están dispuestos a matar por el concepto. Idealistas sin más atributos.
La segunda víctima en la dramaturgia, era la naturaleza; se nos aparece como la pobre humillada por el capitalismo. Los movimientos sociales salen en defensa del medio ambiente, se arman contra la crueldad contra los animales, pero jamás incluirán en sus luchas la defensa del animal humano, ése es el culpable de toda catástrofe. Son místicos flagelantes. Estos movimientos sociales se opondrán de todas formas a la lucha de clases, están allí para usurpar las motivaciones económicas de la lucha social y hacerla ingresar en el terreno de la política y tornarla en lucha ideológica. Otros idealistas sin más.
La tercera víctima son los pobres, los atónitos espectadores del drama; toda la obra se inclina a su favor y este ingresa dubitativo en escena, él determina los acontecimiento de la obra, así lo dispone el teatro posmoderno, uno que hace creer que el espectador adquiere importancia, cuando en realidad lo invita a abandonarse a la teatralidad olvidando su realidad.
El premio Nobel de literatura del año 2000, Gao Xingjian, dijo en su obra Aproximaciones Sobre la Teatralidad: «Para mí, lo fundamental es que exista comunicación entre los actores y el público, en eso consiste la teatralidad».
Todo Premio Nobel ha sido premiado por su contribución a la universalización o globalización ideológica ¿qué mejor manera de imponer ideas entre los pocos que podrían desmentirlas? Me refiero a los intelectuales del mundo, que caen arrodillados ante los genios marca Nobel. Este es el perdedor, al que los gringos llaman looser. Gana el premio de montaña en el Giro de Italia, gana el concurso de Yo me Llamo, o el American Idol, o clasifica al mundial, o es Pablo Escobar «el patrón del mal».
El desarrapado que se llena de millones y salta milagrosamente al reino de los ricos. Mientras su origen sea más miserable, mayor amor del espectador que se ve a sí mismo alcanzando las cimas. Esas multitudes enardecidas por su propia actuación son los fanáticos defensores del capitalismo.
El espectáculo requiere ciertas acciones de animación que corresponden al director, uno que afirma, por ejemplo: «Salgan a las calles e indígnense», o como lo dijo Bergoglio a los pobres de Brasil: «Salgan a la calle y hagan lío. Que me perdonen los obispos y los curas, pero la Iglesia tiene que cambiar»; y allí están en las calles, protagonizando su papel en plena obediencia y con toda la propaganda de mundial de fútbol, que les hace actores estelares en el mundo del espectáculo, los indignados de Brasil 2014. Las víctimas.
Entre tanto, en el escenario político aparecen opositores que juegan a la enemistad y los odios para entretener a las multitudes y despistarlas. Las encausan a luchas intestinas de Patria Boba en donde los seguidores de Santos se pelean con los seguidores de Zuluaga. En este momento de la escena, debería sonar una carcajada inteligente, si hubiese algún espectador inteligente. Uno que se diera cuenta del cinismo del autor. ¿Elegir entre uno y otro?, ¿acaso es necesario? Ya se había eliminado toda posible oposición cuando la contienda se cerró en torno a este actor de «dos caras». Con cara perdemos los pobres y con sello ganan los dueños de las inversiones. Cualquiera de los dos, da igual. Aún, cualquiera de los cinco daba igual.. Todos tienen propuestas para administrar los fondos de la paz y ninguno iba a cambiar nada en esencia.
Otrora, en un tiempo muy reciente Samper y Pastrana jugaban a oponerse, sin embargo Samper dejaba firmada la ley 434 del 3 de febrero de 1998 que creaba el Consejo Nacional de Paz; y Pastrana iniciaba su ejecución. No obstante el mismo Pastrana creaba el FIP (Fondo de Inversión para la Paz) mediante la Ley 487 del 24 de diciembre de 1998. Allí empezó esta historia reciente, para no remitirnos a raíces más remotas con Belisario o Virgilio Barco, ni aún, más centenarias, como la creación del PARTIDO DE LA U, el partido de la Unión Republicana que creaban algunos empresarios, entre ellos Los Santos, los Villegas y los Restrepo a principios del siglo XX, para traer la paz al país luego de la guerra de los Mil Días, acaudillada por el Coronel Aureliano Buendía (Rafael Uribe Uribe).
Se supone que llevamos un siglo de paz bajo esas formas republicanas de poder que han eliminado a hachazos y revolver a los líderes populares que ponen en peligro la Unidad de los Republicanos, todos ellos liberales o conservadores, cuyas relaciones cordiales han gozado de tan buena salud. Un centenario sangriento de paz republicana.
La década de los noventa era para el mundo una temporada de crisis financiera que se daba en un escenario de indiferencia ciudadana, con fuertes evidencias para las multitudes en contra de la democracia. Los conservadores en Europa perdían toda popularidad, mientras en América los Estados Unidos dejaron de ser destino para los emigrantes que buscaban trabajo.
El narcotráfico americano había establecido unas nuevas relaciones sociales dentro del capitalismo. A los individuos no se les compra su fuerza de trabajo sino sus logros delictivos. Oleadas de desplazados, sanguinarios paramilitares, desempleados y empobrecidos por las hipotecas, bancos en quiebra y temblores en la bolsa de valores. Un panorama desolador plenamente calculado o por lo menos previsto desde la década de los setenta del siglo XX, la cual ponía de moda la paz y el amor. Los americanos del norte hasta el sur son espectadores indiferentes, todos carecen de fe en sus gobiernos. Era el momento de hacerlos ingresar a la escena. El Show debe continuar, o The Show must go on, como dirían las bandas inglesas Pink Floyd y Queen. Elección popular de alcaldes, nueva constitución política, bla, bla, bla.
Situaremos el «Negocio de la Paz» en 1995, sin olvidarnos de todo el siglo que le antecede. Las leyes 434 y 487 de 1998 montan el negocio de la paz en Colombia. Por supuesto, hay que señalar la mala suerte de Álvaro Uribe Vélez a quien le correspondió firmar la Ley 975 de 2005, o Ley de Justicia y paz, una ley que premió el delito, brindando protección y garantías mayúsculas a los paramilitares que ayudaron a sembrar el narcotráfico y a desplazar campesinos, la paz de la impunidad.
Pero no nos dejemos engañar, a este señor le ha correspondido hacer el papel de malo para convencer de que lo bueno es lo que representa su opositor. Una forma vieja de la dramaturgia que conduce a la vieja moral: la división entre buenos y malos, sin opciones diferentes posibles. Así parecemos estar entre dios y el diablo o entre liberales y conservadores, el viejo bipartidismo que tampoco ha existido en ese largo siglo de unión de republicanos.
Para el 2001 la ONU obtiene el Premio Nobel de la Paz; y para el 2006, Mohamed Yunus y su banco Grameen. El banco de los pobres y los microcréditos como iniciativa de paz también fueron promovidos por Uribe Vélez, pero él no mencionaba la paz, no hacía más que repetir «LA FAR, LA FAR»… así en singular y sin el apellido DE COLOMBIA. Todo plenamente calculado. Al mercado de la paz había que conseguirle inversionistas y sin víctimas sería imposible. El papel económico que jugaba Álvaro Uribe Vélez era precisamente ese, además de fomentar la concentración del latifundio a través de la violencia y el desplazamiento forzado, llenaba el país de usuarios para la paz: desamparados, desempleados, mendigos… es decir Víctimas, una palabra que escucharemos todo el tiempo.
Así se fortalece el Departamento para la Prosperidad Social de Santos, con recursos gubernamentales para invertir en la paz. Los movimientos sociales, las organizaciones no gubernamentales, reinsertados de las guerrillas y demás «socialdemócratas» que jamás dejaron de creer ciegamente en el capitalismo, se aprestan a contratar en la economía de la paz, ¡ahora habrá trabajo y prosperidad para todos!
Pero estos presidentes y sus leyes tienen un antecesor inmediato: el PDPMM (Programa de Desarrollo y Paz del Magdalena Medio), ¿un organismo anfibio? o más bien ¿delator de viejas amistades?
Fundado en 1995, esencialmente por la SEAP y en CINEP, es decir por la Sociedad Económica de Amigos del País y el Centro de Investigación y Educación Popular. La primera instalada en Colombia en 1956, en plena contienda violenta nacional, por Hernando Agudelo Villa y Carlos Lleras Restrepo (quien también había sido ministro de hacienda del presidente Eduardo Santos y posteriormente director de El Tiempo; la misma camada en la que nació la Unión Republicana que tuvo por presidente a otro Restrepo: Carlos Eugenio, bajo cuyo gobierno se asesinó a Uribe Uribe) y que parece ser un descendiente de la Sociedad Bascongada de Amigos del País, nacida en el llamado País Vasco en 1765 con el objetivo de velar por el desarrollo cultural y que interfiere en todos los sectores de la economía.
La misma Sociedad Económica de Amigos del País también fue creada en Cuba bajo cédula real de 1792, calificada por José Martí como «la más alta y meritoria de las sociedades cubanas»; por eso no nos extraña que permanezca en la isla aún después de la revolución. Tampoco nos extraña que exista una de ellas en cada país. Fueron ellos los promotores de la ideas ilustradas previas a la Revolución Francesa, y siguen siendo promotores de toda tendencia ideológica que se haga necesaria en cada momento para garantizar el control necesario al proyecto económico; por eso son dueños de todos los concursos para escritores.
Del CINEP baste con recordar que es una organización jesuita. Pero ¿qué es lo extraño de esta relación tan íntima? pues que en los gobiernos liberales se expulsaba a los jesuitas y precisamente la SEAP se precia de su librepensamiento y sus ideas liberales.. Valga recordar que la expulsión de jesuitas en 1767 por Carlos III acontece a dos años de instaurada la SEAP por primera vez en España y que a donde no podía ingresar una, sí podía hacerlo la otra. Mientras los jesuitas posaban de enemigos de Carlos III, la SEAP gozaba de todo su apoyo.
Uno siempre podrá pensar que estas son las dos cabezas del mismo animal; sobre todo con la creación del PDPMM en 1995 en Colombia y la puesta en boga de la Paz como factor de inversión económica. Ya sabemos que todo conflicto social en el Magdalena y el Catatumbo está privatizado por estos dos actores y allí no pueden ingresar otros líderes políticos. Lo vimos acontecer ante los medios de comunicación y se supo que aquellos conflictos no pudieron ser abanderados por otros líderes sociales. Ese era su particular laboratorio de paz.
Algunos miembros de la SEAP han sido Alberto Lleras, Carlos Lleras, Darío Echandía, Virgilio Barco, César Gaviria, Ernesto Samper, Carlos Lemus y Álvaro Uribe Rueda, y los caudillos sacrificados Luis Carlos Galán y Rodrigo Lara. Pero bástenos saber que la SEAP se abandera de la socialdemocracia y que crece apropiándose de las tendencias políticas de izquierda, se obsesiona por fraternizar con los pobres, para lo cual le viene muy bien la caridad, desde donde se promueve la defensa de los derechos humanos y las causas populares.
Son considerados intelectuales de izquierda, aunque lo que realmente hacen es mimetizar las luchas populares desde los movimientos sociales, desanimando a las multitudes y tachando de infundada toda forma de lucha en contra del capitalismo.
Su actual presidente, el senador electo Horacio Serpa, es uno de los grandes promotores del proceso de paz. No podemos dejar de recordar que «El Tuerto Echeverri», Camilo Echeverri, uno de esos liberales de Rionegro, impulsor orgulloso del ancestro vasco de los antioqueños y uno de los precursores del mito de la «raza antioqueña» llegó a ser miembro de la Internacional Socialista. Ese tipo de liberales radicales, que posan de gran sacrificio por la humanidad sin olvidar resaltar que pertenecen a una rancia aristocracia y que distan mucho de la plebe. Esa es la estirpe de socialdemócratas colombianos que han desviado todas las luchas populares y proponen a cambio defender la república. La causa más oculta del fracaso político de las mayorías.
LA NOVEDOSA INVERSIÓN EN LA PAZ Y SU UTILIDAD
Prosperidad, justicia social y caridad serán los ingredientes que nutrirán la nueva economía. El capitalismo del siglo XXI. Es lícito sospechar que también ha existido un laboratorio para esta forma de capitalismo, en una zona cercana al Laboratorio de Paz de la SEAP y el CINEP en el Catatumbo; un poco más al este, ese laboratorio se ha llamado «socialismo del siglo XXI».
Es de anotar que en febrero de 1812 se instituye la SEAP en Venezuela, para fortalecer los escasos logros de la Sociedad Patriótica en el proceso de independencia. Sería de gran interés adentrarse en las relaciones directas entre Bolívar y la SEAP, sobre todo cuando la imagen del libertador aparece tras la ilusión del socialismo del siglo XXI. Pero el socialismo no es una economía para mendigos y sus estrategias económicas no son la caridad. Por eso sabemos que el nuevo experimento es realmente capitalismo del siglo XXI.
Pero ¿cómo puede la caridad generar alguna economía? Por eso obtuvo el premio nobel de la paz 2006 Muhammad Yunus, él afirma que un Negocio Social no genera pérdidas ni reparte dividendos, está simplemente destinado a remediar los problemas sociales. «Los Negocios Sociales unen el dinamismo de los negocios tradicionales con la conciencia social de la caridad».
Esto de un lado ingresa en la bicentenaria estrategia de los Amigos del país, que defendiendo la justicia social, auxilian el modo de producción capitalista y la República, para mantener alejado al pueblo de las luchas. De otro lado establece control y dirime las crisis propias del capitalismo para evitar su inevitable aniquilación; y de otro lado, pone en circulación la plusvalía incapaz ya de generar trabajo para la supervivencia de la humanidad; de ese modo se inventa nuevas formas de trabajo artificiales que el capitalismo es incapaz de generar.
La guerra también ha sido usada como estrategia para salvar al capitalismo, generando empleos para reactivar el mercado. Por eso a la paz se la llama ahora una novedosa inversión. Desde ya puede preverse que no será una economía duradera, como todo lo que toca el capitalismo y que de por si está plagado de codicia y ambición. Bástenos saber en principio, que sin trabajo no hay capitalismo y su abolición, bien por el desarrollo tecnológico o bien para eliminar la lucha de clases, significa la aniquilación de este modo de producción.
Por ahora la paz es la nueva generadora de empleo y para llevar a cabo esta tarea, ya muy prevista y provista de leyes y recursos económicos nacionales y de la ONU, no importa quién sea el presidente de Colombia. Todos apuntan a lo mismo y no podría ser de otra forma; porque los que mandan no son los políticos, porque no existe una cosa que pueda llamarse clase política y porque ningún gobierno pone en peligro a los dueños de la economía.
Seguramente en cada país existirá la evidencia de esta tendencia hacia la economía de la paz; yo pondré un ejemplo más para armonizar con los argumentos acabados de expresar. El llamado País Vasco emite en 2014, los «Bonos Elkarrekin» o bonos para invertir en convivencia.
▪ Marta Lucía Fernández Espinosa. Licenciada en Historia y Filosofía (universidad Autónoma Latinoamericana). Especialista en planeamiento educativo (universidad Católica de Manizales) con diplomados en Gestión administrativa, adaptaciones curriculares y desarrollo de habilidades organizacionales en diversas universidades antioqueñas. Autora del libro Pentimento. Sus investigaciones han sido trabajos de campo con comunidades a través de las cuales se generaron desde proyectos educativos institucionales y manuales de convivencia, hasta la construcción de aulas por gestión comunitaria y la creación de la educación de adultos como estrategia para minimizar el impacto de la violencia en un sector deprimido de Itagüí (Antioquia). En 1989 el consejo de facultad de la Universidad Autónoma le otorgó una beca en reconocimiento a la importancia de su libro Pentimento.

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