21 sept. 2014

Los Mitos y la realidad.

Trazos de la Historia. 

Por IVAN LJUBETIC VARGAS 


EXPLICO ALGUNAS COSAS 



Los hechos históricos son objetivos. Ocurren como acontecen, de una sola manera. Pero la interpretación de ellos es subjetiva. Depende de quien los observa, analiza, narra y explica. Y este espectador no es imparcial. Los interpreta según su forma de pensar, según su ideología, la que a su vez está determinada por los intereses de la clase social que, consciente o inconscientemente, representa. 
En una sociedad dividida en clases antagónicas existen dos formas de interpretar el acontecer. 

Una es la “historia oficial”, la que se escribe en los textos de estudio y se difunde por los medios de comunicación de masas. Refleja los intereses de las clases dominantes, que pretenden mantener su posición, para lo cual necesitan mostrarse como los impulsores del progreso y, al mismo tiempo, ocultar sus crímenes. Para ello tergiversan la historia, crean mitos. 
Existe también la “otra historia”, que representa los intereses de las clases dominadas, las que sólo cambiando a fondo la sociedad pueden terminar con la explotación a la que están sometidas. Se basan en la verdad, que es siempre revolucionaria.

La “otra historia” revela la realidad de lo acontecido, con el convencimiento de que, en la medida que se conozca exactamente el pasado, es posible comprender el presente y trazar las grandes líneas para forjar el futuro. 
En este trabajo hemos tomado algunos capítulos de la Historia de Chile, intentando contraponer a los mitos creados por los historiadores reaccionarios la realidad de los acontecimientos. 

Entre esos mitos, están por ejemplo, afirmar que los descubridores de Chile fueron el portugués Hernando de Magallanes y el español Diego de Almagro; sostener que existe una “leyenda negra” sobre la conquista de América; explicar las derrotas de los pueblos originarios por los conquistadores europeos (lo que no ocurrió en Chile) en base a la superioridad racial de estos; señalar el 18 de septiembre como el día de la Independencia de Chile; “ignorar” la existencia de huelgas obreras en el siglo XIX; hablar de que una 
“revolución” derrocó al Presidente Balmaceda; responsabilizar a los trabajadores de las masacres en su contra; pretender que el golpe fascista de 1973 tuvo como único culpable al Gobierno Popular, presidido por Salvador Allende. 

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