4 sept. 2014

Yo voté por Allende. Yo voto por Allende, Viva Allende

Por Eduardo Fernández



Hoy 4 de septiembre se cumplen 44 años del triunfo de Allende en las urnas, bien vale hacer un breve recuerdo del significado de la fecha y el contexto del triunfo popular.
Chile a fines de los años 60 era similar a cualquier país de América latina. La tierra estaba en manos de una oligarquía terrateniente déspota y que despreciaba a los rotos y los huasos. El principal recurso natural, el cobre, entregado a las compañías yanquis y la burguesía industrial y financiera monopolizaban la economía. Obreros y campesinos se organizaban y trataban de hacerse representar tanto en el Parlamento a través de sus partidos políticos, como frente a los gobiernos y los empresarios con sus organizaciones sindicales.
El comienzo del 70 nos obligó a definirnos. La mayoría de la población juvenil teníamos como hoy reivindicaciones gremiales y políticas. Los universitarios, de larga tradición organizativa trataban de implementar la reforma a las anquilosadas estructuras académicas. El lienzo con la leyenda de: “El Mercurio miente” en el frontis de la Pontificia U.C. fue un acto de rebeldía juvenil que alertó a la clase dominante, pero al mismo tiempo motivó a miles de jóvenes a pensar que definitivamente era posible un cambio.
El debate al interior del movimiento juvenil nos colocaba frente a la encrucijada que, para conquistar el poder y construir el socialismo, solo cabían dos vías: o generábamos una correlación de fuerzas que permitiera el triunfo electoral de un candidato de las fuerzas populares o emprendíamos el camino de las armas como lo había hecho Fidel en la Cuba del dictador Batista. Difícil decisión a la luz de los textos de Marx y Lenin.
La decisión tomada, a partir de un examen frío de la realidad, fue dejar atrás el FRAP y dar paso a una alianza más amplia: la Unidad Popular y que finalmente llevaría un candidato a la presidencia, de vasta experiencia en esa forma de lucha: el entonces Senador Salvador Allende.
Me costó, debo reconocer que me costó. Mi impaciencia juvenil unida a la sobre ideologización de la época, conspiraban contra la aceptación de esta fórmula definida para acceder al poder. Me costó también rupturas con amigos ideológicos, con compañeros entregados honestamente a la acción política, pero mi pertenencia al mundo popular me indicaba que ese era el camino, el camino de la unidad, de la ruptura con fórmulas románticas y con los encendidos discursos revolucionarios, así me uní a los Allendistas.
El pueblo en su sabiduría había decidido con entusiasmo y convicción que la candidatura de Allende a la presidencia sería su candidatura. Había que unirse a la campaña y me uní. Era un náufrago en la escuela de Sociología de la U de Concepción, donde la mayoría de los estudiantes y docentes eran de posiciones radicalizadas y que me consideraron un renegado, un amarillo.
Muchos de los que me acusaban de aquello son hoy prósperos empresarios o conspicuos funcionarios. No envidio su suerte. Sin embargo, a pesar de todo, la UP y su candidato triunfaron…triunfamos. Tenía 23 años, fue la primera vez que voté, debí viajar a dedo hasta Santiago para sufragar en una escuela de El Salto, celebramos esa noche el triunfo frente a la FECH y nos comprometimos con el éxito del Gobierno Popular.
Teníamos un presidente propio, ningún gobierno extranjero, ninguna empresa multinacional, ninguna agrupación de dueños de fundos o de fábricas nos lo había impuesto.

Yo voté por Allende, la vida me dio ese privilegio.

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