28 feb. 2015

Ellos tienen el poder y lo van a perder. ¡Asamblea Constituyente ahora!

Por Angela Barraza Risso



Estamos esperando marzo con los ojos entrecerrados y con una mueca en la cara, similar a la del dolor.
Demasiadas cosas quedaron a medio cocinar en diciembre y, mientras tanto la gente, en vez de distenderse en estas vacaciones, lo cierto es que estamos como dentro de una olla a presión que, tanto el poder judicial como la casta política, tienen por el mango. Pero ojo, que si no saben sacar bien el aire, ya de pronto y les explota en la cara.

Lamentablemente, hasta el momento, las cosas van mal. Y de mal en peor.
Hoy la presidenta habló sobre el caso Caval y, a pesar de manifestar su dolor como presidenta y madre, no dijo nada. No respondió preguntas. Quiso ser cauta y pasó por timorata. Todos esperábamos que fuera señera y que, con eso, diera un ejemplo de puta madre a la derecha para que se vieran obligados a repudiar las acciones de sus involucrados con caso Penta. Pero no. La nueva Mayoría sigue abriendo flancos para que las balas hagan nata.
A eso se suma el hecho de que la fiscalía decidió separar Penta-SQM, justo cuando comienzan a aparecer nombres de la Nueva Mayoría, y dejan SQM en manos del hijo del Senador Carlos Montes, del Partido Socialista, quien puede ser infinitamente capaz pero eso a nadie le importa, sino que viene a confirmar lo firme y junto que está el entramado del poder en Chile.
El gobierno se lo lleva machacando con promesas, sin embargo, todos fuimos testigos de cómo le quitaron el poto a la jeringa con la educación y con la ley de aborto. Y todo pasó para este 2015 que se ve jodido.
Es verdad que la población chilena ha demostrado sistemáticamente que es capaz de poner el lomo y recibir los palos. Ya tenemos el ejemplo de transantiago, en donde los pasajes suben, la calidad del servicio es una basura y nadie hace nada. Lo peor es que ante el menor atisbo de insurrección civil (me refiero a las manifestaciones en el metro y los llamados a no pagar) aparecieron bombas, mochilas sospechosas, cajas de Chocopanda y cabezas de cerdo que amenazaban con explotar Santiago al más puro estilo V from Vendetta para justificar la presencia de pacos aburridos en cada estación, cuya única entretención es la de mirarnos las piernas o indicar muy malamente las direcciones de una ciudad que apenas conocen, porque, más encima los traen de afuera.
Sin embargo y basta con darle un ojo a los comentarios de cada medio, en cada noticia que hace referencia a la política, para darse cuenta de que no está el horno para bollos.
Recientemente han aparecido nuevos nombres de involucrados en SQM y el asunto es transversal a todos los sectores políticos. Si quieres darte el plantón de saber quienes son anda a ver en este link el artículo de El Mostrador titulado: SQM suma y sigue: escritor Rivera Letelier, hijo de Longueira y más de 30 nombres vinculados a la política le boletearon en 2010. La verdad es como para sentarse a llorar.
Al final, de ser uno de los países con menos corrupción según diversos estudios, resultó ser que la verdad es otra muy diferente. Sólo que estaban todos bien calladitos porque el tejado de vidrio iba a dejar una quebrazón que recién comienza. Todo gracias a un desgraciado moribundo que le dió un tantito de culpa antes de morir y soltó la sopa (Me refiero al martillero Jorge Valdivia que dio el puntapié inicial a Caso Penta).
La gran pregunta es: ¿Qué se viene ahora, que ya no confiamos en los políticos ni en las instituciones?
¿Nos vamos a olvidar de todo porque, a pesar de lo que vemos en la TV, igual nos tenemos que levantar mañana a trabajar y no nos influye demasiado en nuestra vida cotidiana?
¿Vamos a esperar que los estudiantes se levanten nuevamente en marchas, porque a ellos no les descuentan si faltan al colegio?
¿Vamos a seguir escuchando RATM o Calle 13 para comentar en los medios como la máxima demostración de descontento?
¿Vamos a hacer un documento de word con links de referencia de las cochinadas que estamos viendo, para sacar a relucir en nuestros muros de facebook para las elecciones?

¿Para qué, qué nos queda? Elección o reelección, para mí la misma mierda
Hace poco, en el programa #VIGILANTES, de Nicolás Copano, sonaba la pregunta sobre si se tenían que inhabilitar todos los involucrados en los escándalos político-económicos. Sin embargo, todo está tan podrido que, así como están las cosas, nos quedamos sin gobierno, sin congreso y ya vamos por el poder judicial.
Sería lindo que Anita Tijoux, tuviera razón en eso de que “la hora sonó. No permitiremos más tu doctrina del shock”. Estaría bueno que, de una vez por todas la idea de la Asamblea Constituyente se convirtiera en una realidad que nos de la posibilidad de decidir sobre lo que queremos y esperamos de Chile como país.
Nuestra horrorosa constitución fascista nos impide la opción real de una Asamblea Constituyente y la única posibilidad que tenemos para convocarla es mediante un decreto supremo, sin la oposición del congreso. Además, ninguna de las cámaras tendría que impugnar esta decisión en el Tribunal Constitucional. Es decir, estamos jodidos. Y eso pasa porque la élite chilena se caga de miedo ante la idea de incorporar a la ciudadanía.
la élite chilena se caga de miedo ante la idea de incorporar a la ciudadanía.
Las iniciativas, históricamente han sido “de arriba hacia abajo”, siendo las élites las que crean, definen y discuten nuestras constituciones y luego las imponen sin preguntarnos. El resultado es el que estamos viendo ahora. Las mismas familias de siempre, que fueron a los mismos colegios de siempre, que se saludaban los fines de semana en los mismos supermercados de siempre, y que viven en los guetos de siempre, se apuntan, se acusan y reculan cuando comienzan a ver que la hegemonía de su poder se les está yendo al carajo.
Sin embargo, ahora más que nunca la idea de la Asamblea Constituyente se vuelve necesaria, por no decir urgente.
Es fundamental una reunión de representantes del pueblo que no sean representantes ya, y que se junten con el único fin de generar las nuevas normas que regirán la relación entre gobernantes y gobernados y que, además, dejen bien claras las reglas del funcionamiento y de la distribución del poder. Este ejercicio es un derecho inalienable de todos los pueblos. Es una autoridad soberana que se llama Poder Constituyente y, a pesar de que nos han hecho creer que es casi una locura, lo cierto es que es un derecho que nadie nos puede garantizar más que nosotros mismos, mediante la acción y la movilización.
Ya basta de ver cómo los políticos legislan, cagándose en quienes les dieron el poder de participar en el congreso, para pagar favores. Basta de los dobles discursos que hablan de igualdad cuando lo cierto es que utilizan información clave para pertenecer al 1% más rico. Basta de tenerle miedo a los militares porque son la guardia personal de los empresarios y poderosos.
Asamblea Constituyente Ahora. Somos más.
En Twitter: @AngelaBarraza 

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