21 may. 2015

ASAMBLEA CONSTITUYENTE: ¿CHILE ESTÁ PREPARADO?

Fuente: Con Tinta Negra



El llamado hacia una Asamblea Constituyente pretende teóricamente pasar de una “constitución golpista” a una consensuada y de carácter más democrático e inclusivo; el desafío actual que presenta esta iniciativa es el desconocimiento del ejercicio de soberanía, poder primigenio que poseen todas las personas, instancias de diálogo y compromiso, para que este proyecto social no caiga en cuatro paredes o se desvíe de su objetivo.
Por Constanza Cabrera De La Fuente
La asamblea constituyente no es el resultado de una guerra o inestabilidad, sino de la voluntad de la soberanía popular –poder político que posee un pueblo para manifestarse y tomar decisiones con independencia- que repudie o no se sienta representada de un actual mandato y por lo tanto que se organice para sustituir regímenes autoritarios o sistemas democráticos ineficaces.
Tampoco es un mecanismo nuevo. Remontándose desde la antigua Francia de 1789, pasando por Argentina, Ecuador, México, Nepal, Perú o Italia por ejemplo, instaura una mayor legitimidad al marco constitucional y deviene en general en una mayor estabilidad política y social; culturas totalmente distintas han aplicado el proceso constituyente, evidenciando su transversalidad. No es un tema reciente en Chile, aunque se desconoce masivamente.
Pero en términos concretos ¿de qué se trata una asamblea constituyente?

En primera instancia, Matías Sagredo, educador diferencial y coordinador del Movimiento por la Asamblea Constituyente (fusionado con REDESCHILE), divide al proceso constituyente a través de plebiscito – jornada amplia de elección por medio de votos-, elección de delegados y referéndum de la constitución.
Sergio Grez, historiador, académico de la Universidad de Chile e impulsor de las “Escuelas por la asamblea constituyente”, la define como una reunión de delegados democráticamente elegidos por la ciudadanía a través de un plebiscito con el único objetivo de elaborar una constitución para el Estado.
“Es un organismo democrático que representa la soberanía nacional, porque está sobre los poderes establecidos, y sus decisiones soberanas, deben ser puestas en práctica por toda la ciudadanía una vez que han sido adoptadas por normas constitucionales de un determinado Estado”, sostuvo.
A lo largo de la historia, en Chile nunca se ha realizado una asamblea constituyente y la construcción de una constitución ha sido desde siempre dirigida por reducidos comités constituyentes. “Nunca el Estado ha sido construido soberanamente y legítimamente por la ciudadanía y todos los problemas que hemos tenido a lo largo de 200 años tienen que ver con un Estado que no responde ni a una voluntad ciudadana ni a las necesidades reales del país”, indicó Gabriel Salazar, historiador y académico de la Universidad de Chile
Las constituciones que han pasado por el país
Chile ha tenido diez textos constitucionales entre 1811 y 1980, pasando por etapas como “ensayos constitucionales”, hasta conformarse políticamente con la Constitución de 1833, donde se estructura al Estado según las necesidades de la realidad social y política de aquel tiempo durante 92 años, cargo de una pequeña “convención constituyente” de carácter conservador.
La Constitución de 1925 duró 55 años y trataba de cambiar el sistema parlamentario por el presidencial, con el fin de que el presidente pudiese designar libremente a sus ministros y que éstos no pudieran ser derribados por mayorías ocasionales en el Parlamento, según la página de la Biblioteca del Congreso Nacional de Chile. El gobierno de Alessandri designó una “comisión consultiva” integrada únicamente por representantes de partidos nombrados por el ejecutivo, siendo la carta fundamental redactada a cargo de un pequeño grupo ligado a la política tradicional.
Finalmente, se encuentra la Constitución de 1980, creada en plena dictadura militar, a partir de un plebiscito nacional con sólo 1 mes de aviso, que fue cuestionado por ciertas irregularidades, ya que por ejemplo no habían registros electorales y agregándole que la oposición se vio impedida de efectuar campaña y los partidos políticos según la jerga oficial del régimen se encontraban en receso, es decir estaban prohibidos o perseguidos directamente como el caso de los partidos de izquierda. A cargo de la “Comisión de Estudios de la Nueva Constitución” (CENC), más conocida como Comisión Ortúzar (entre ellos Jaime Guzmán y Enrique Ortúzar).
“Expropia la soberanía del pueblo, siendo conculcada a favor de una clase o casta política, ya que si bien no está explicito en el texto constitucional, toda la disposición y practicas políticas hacen que el sistema institucional chileno sea claramente antidemocrático”, dijo Grez.
Ninguna constitución hasta ahora ha sido concebida democráticamente, por contextos históricos y circunstancias que impidieron una plena participación ciudadana. “Históricamente no ha habido asambleas constituyentes como tales, sino ‘comités constituyentes’ designados o por dictadores militares o civiles, ejerciendo poderes arbitrales”, señaló Salazar. 
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El 5 de octubre de 1989 se realizó el plebiscito que dio por resultado el triunfo del NO. Transcurrieron 26 años tras esa coyuntura histórica y el país quedó bajo el mando de la concertación. NO se llamó a una asamblea constituyente y NO cambió la constitución a grandes rasgos –a pesar de paupérrimas modificaciones realizadas durante el 2005 a cargo del ex presidente Ricardo Lagos- se acrecentó la legitimidad de las leyes aprobadas en dictadura, consagrándolo como un Estado subsidiario.
Grez es enfático en afirmar que todo lo que ocurre es un “traje a medida” del modelo económico neoliberal, además de una serie de disposiciones que atentan contra el ejercicio de la soberanía popular. El liderazgo de la concertación se adaptó y encontró grandes beneficios en el modelo neoliberal y por tanto apuntó no a su desmantelamiento, sino de su administración con ciertos grupos sociales y políticos.
Actualmente existe una gran crisis de legitimidad que apunta al parlamento y al ejecutivo, a través del destape de graves casos de corrupción que envuelven a la política: Soquimich, Penta, Dávalos-Compagnon, Caval, entre otros; la población se preguntará ¿Cuántos más quedan por descubrir?
“La corrupción no es un hecho aislado, obviamente siempre podrá existir, pero es un componente esencial, como una suerte de ADN de este sistema económico y político”, advirtió Sergio Grez.
La madre de todos los males
La asamblea constituyente implica un pueblo participativo que no espera regalos desde el poder, sino que se constituye del ejercicio ciudadano. El proceso constituyente no sólo se reduce a una asamblea, sino que existe la necesidad de impulsar una reflexión en la base ciudadana, respecto de la relación que existe entre los problemas específicos que la aquejan, ya sea cuestiones educacionales, constitucionales, pueblos originarios, derechos de jóvenes y mujeres, derechos laborales, etc.
Todos esos problemas sociales se vinculan de algún modo con la constitución que establece o no determinadas garantías de una población respecto de las áreas del quehacer social y económico. Para el historiador Grez, la ciudadanía debe entender ese vínculo “el resto del proceso será relativamente fácil y constituirá entonces en ejercer una gran presión sobre la casta política para que esta entreabra las puertas”.
Sagredo establece que “todas las políticas de los gobiernos tienen que estar establecidas y reguladas por mecanismos transparentes de democracia participativa y directa” agregó que “la soberanía no se puede detener, la pueden retrasar y eso va a generar más choques. El engaño provoca la inestabilidad, no la verdad, no el proceso democrático social”.
Los poderes que pretenden manipular a la ciudadanía
No solo la elite política se opondrá a esta iniciativa, sino también una serie de poderes
-tanto nacionales como internacionales- generalmente sin rostros definidos e identificables. En la asamblea constituyente va a estar presente todo el mundo: desde la extrema derecha a izquierda, poderes económicos, etc. “No es la panacea -solución-, es el mecanismo para dotarnos de una constitución democrática y los poderes económicos y políticos van a estar presentes, es una lucha política que tenemos que dar”, aseguróSergio Grez.
Para Sagredo, el espectro político siempre intentó ocultar a la asamblea con tierra, “durante décadas muchos ciudadanos exigimos asamblea constituyente, sin embargo el tema siempre fue ocultado. Ningún medio de comunicación jamás dijo nada, pero llegó a un punto que gracias a la movilización del 2011, las bases estudiantiles les exigieron a sus dirigentes la asamblea”.
Los opositores empezaron a cambiar de estrategia a medida que fueron creciendo los adeptos de esta demanda; para que esto fuera incluido en el gobierno, fue un trabajo previo de décadas. En 2013 a través de una candidata presidencial, dejaron abierta la “esperanza” de que en alguna etapa de gobierno se decidieran por conversar acerca del proceso constituyente.
Sin embargo, hasta hoy Bachelet no se ha pronunciado con claridad respecto al método para elaborar una nueva constitución, sosteniendo que el proceso es“participativo y constitucional”, con cabildos ciudadanos cuyos “contornos” no han sido definidos. “Sería una pseudo participación teledirigida de la moneda y aplicada por operadores políticos de la Nueva Mayoría. Todo indica que nos encaminamos a una solución clásica de las elites chilenas, probablemente sea un plebiscito final sin participación ciudadana o incluso en un escenario peor, una comisión nombrada a dedo por la jefa de Estado”, enfatizó Grez.
Salazar aseveró que los poderes políticos en el fondo no están de acuerdo con una asamblea constituyente libremente electa y manejada por el pueblo, ya que intuyen lo que viene: “van a intentar manipular el proceso y aduciendo a que el poder soberano recae en el congreso por ejemplo. Es un obstáculo que la ciudadanía tiene que asumir”.
Aún hay patria ciudadanos ¡Qué los corruptos no decidan lo que Chile necesita!
La concretización de este proyecto supondría romper una tendencia histórica, que es posible de hacer; para ello es necesario una sociedad informada e instancias de reflexión y diálogo. La primera escuela por la asamblea constituyente nace en 2009 en Santiago con la asistencia de 200 dirigentes de todo el país, a cargo del Movimiento por la Asamblea Constituyente.
“El movimiento nace con el objetivo de recuperar la soberanía nacional y popular de los pueblos chilenos, ejerciendo el poder constituyente propio que poseen todos los ciudadanos de este país. No obstante, la única manera de emplearlo, es que todos tomen conciencia de ello”, indicó el educador diferencial.
Se formaron fervientes defensores de la asamblea constituyente de sus localidades, en SU mundo de acción. Desde ese día, las escuelas se transformaron en una tradición y se fueron multiplicando; han habido escuelas ciudadanas, foros, debates ciudadanos, en Santiago, Rancagua, Freirinas, Curicó, Chillán, Concepción a cargo de diferentes organizaciones como: Movimiento por la asamblea constituyente; Fundación constituyente XXI; entre otras organismos locales.
Variadas asambleas se han hecho en diferentes instancias y sectores, pero la discusión no se ha ampliado a todas las regiones. Respecto a esto, Sergio Grez aseguró que “hay ciudadanía empoderada” en todas partes que tiene que asumir la iniciativa, la solución viene de las personas, porque ellas son las afectadas, y por lo tanto sería “contrario al espíritu de la asamblea constituyente”, de autonomía. Caminante se hace camino al andar.
“La asamblea constituyente es un grupo de propuesta, pero el soberano siempre es el pueblo“, dijo MatíasSagredo. No obstante, el sábado 18 de abril pasado, se acaba de inaugurar la “Escuela nacional por la asamblea constituyente” con el objetivo de formar personas capacitadas para que sean capaces a su vez de ir a explicar este vínculo en sus propios sectores sociales en donde ellos se desarrollen sus actividades, ya sea en ámbito laboral, educacional, poblacional. Su duración será de 3 meses y expondrán el historiador Grez, el sociólogo Alberto Mayol, y la abogada Claudia Iriarte.
Se espera que partan otras iniciativas en distintos puntos del país que apoyarían en la medida de sus propias fuerzas. “Nosotros somos ciudadanos de pie, no tenemos apoyo, lo hacemos incluso sacando plata de nuestros bolsillos, robando tiempo de nuestras familias y descanso. ¿Por qué otros no podrían hacerlo?; además, si tú dependes de un partido o una fundación, organismos estatales o de una ONG, esa supeditación tarde o temprano te va a pasar la cuenta”, enfatizó Grez.

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