12 may. 2015

Más sangrienta que pacífica la llamada Pacificación de la Araucanía

En nuestro país históricamente ha existido una relación compleja entre el Estado y los pueblos originarios, fundamentalmente con los mapuches. Una historia que ha visto momentos de paz y otros de gran efervescencia. Hoy, cuando vivimos  el momento más tenso de la última década, surge la pregunta de cuáles han sido los hechos y causas históricas que nos han llevado a esta situación. ¿Qué ha causado que haya muertos, heridos y fuego cruzado a más de 120 años de la supuesta “Pacificación de la Araucanía”?
Dada nuestra extensa geografía, para quienes no viven en el sur el tema mapuche puede aparecer como algo ajeno y desconocido. Sin embargo, un conflicto tan distante para algunos, es uno de los focos que más ruido ha generado en la agenda nacional en el último siglo, y no parece tener una solución cercana.
Más de 400 años han pasado desde que los españoles llegaron a Chile, y con ello a la zona en conflicto. A partir de ahí, el lugar ha sido testigo de innumerables luchas por territorios originalmente mapuches, muchos de los cuales cambiaron de dueño por diversos motivos. De hecho, el origen de las actuales disputas en torno a estas tierras puede ser situado en 1861, al inicio de la llamada Pacificación de La Araucanía, una etapa que fue más sangrienta que pacífica, especialmente en sus años finales.
Si bien es cierto que fue un proceso que duró más de 20 años, tras la Guerra del Pacífico tomó tintes particularmente violentos. En 1882, bajo el gobierno de Domingo Santa María, el coronel Gregorio Urrutia consiguió dominar los sectores de Curacautín, Villarrica y Alto Biobío, poniendo fin a la resistencia mapuche e iniciando la colonización de las tierras.
Las voces actuales
Lautaro Loncón Antileo es descendiente directo de mapuches que vivieron la época de la Pacificación y conoció la historia de labios de sus padres y abuelos. Tras 10 años desde que se radicó en Santiago proveniente de La Araucanía, este abogado y máster en Derecho de la Universidad de Chile, señala: “es un conflicto joven. Son apenas 130 años (…). Si te pones a pensar, han pasado 40 desde el golpe de Estado de 1973 y éste aún sigue fresco en la memoria”, sostiene. Para él, se trata de un tema al cual el Estado chileno nunca dio la importancia que merece, pese a que están todos los antecedentes disponibles para hacerlo.


“Durante el gobierno de Salvador Allende se permitió a los mapuches recuperar algo de tierra (…).
También en el gobierno de Patricio Aylwin hubo un intento, pero la Ley Indígena es mala y está por debajo de los estándares internacionales. Luego el propio presidente Aylwin dijo que el Consejo de Todas las Tierras era una asociación ilícita, lo que refleja el desconocimiento de la autoridad respecto de la cultura indígena y eso se nota en las políticas de Estado posteriores”, agrega.
Para el historiador Jorge Pinto, Premio Nacional de Historia y especialista en estudios indígenas, la situación actual de La Araucanía es el fiel reflejo de una seguidilla de problemas que han ido en aumento con el paso del tiempo. “Esto es una tensión permanente, que se ha dado desde entonces hasta nuestros días. No es un fenómeno nuevo. A lo largo de la segunda mitad del siglo XIX, y todo el siglo XX, obviamente hubo fuertes tensiones”, sostiene.
Actualmente, La Araucanía ha sido foco de noticias debido a hechos de violencia atribuidos a grupos extremistas mapuches, quienes estarían reclamando por la situación que afecta a las tierras que consideran propias.  El caso más bullado fue el incendio intencional que costó la vida al matrimonio Luchsinger-Mackay, familia cuyos derechos sobre los terrenos están en tela de juicio, según la opinión de algunas personas mapuches, desde la época de la Pacificación.
Para Sebastián Donoso, abogado y ex Asesor Especial para Asuntos Indígenas del Ministerio Secretaría General de la Presidencia, “si uno llegara a la convicción de que estamos frente una minoría extremista, aislada totalmente de la sociedad, tal vez la respuesta de orden público, de más policía, de aplicación de la Ley Antiterrorista podría tener sentido”. Pero, a juicio del experto, “el problema es más que de una minoría radical que debemos controlar”.
Loncón, originario de la comunidad Lefweluan, en la comuna de Traiguén, cree que la inoperancia del Estado chileno y el maltrato que algunas personas han ejercido en la zona, son motivos relevantes a la hora de referirse al malestar de las comunidades indígenas a partir de la Pacificación, puesto que el primero no tendría intenciones de dialogar y los segundos habrían cometido abusos de poder para quedarse con las tierras.
“Por ejemplo, en Traiguén, el único abogado que había era hijo de un ‘colono’ y su tío era el notario. Hacían lo que querían. Era llevar un mapuche, como sea, meter el dedo (huella digital) e inscribían sus tierras”, acusa Loncón, primer abogado en ganar una causa por discriminación a mapuches en Chile. “El tratamiento de los ‘colonos’ hacia los mapuches siempre ha sido así, nunca ha sido de respeto”.
A juicio de Donoso, la verdadera deuda con los mapuches es de parte de la sociedad, “que sigue siendo bastante racista, que no quiere a sus raíces indígenas. No estamos orgullosos de ellas (…) y eso te diría que es el principal obstáculo que tenemos: una sociedad en que el respeto, el cariño por lo indígena, va mucho más lento de lo que han avanzado las propias instituciones legales. Hoy día hay mucha discriminación, hay gente que no está orgullosa de que seamos un país donde existen pueblos indígenas, hay gente que en el plano privado dice que estaríamos mejor sin ellos”.
Respecto de los hechos delictivos que han sido ampliamente difundidos, Loncón los rechaza categóricamente, pero al mismo tiempo asegura que son aislados y que los medios han creado una sensación de guerra inexistente en La Araucanía. “Desde 1995 en adelante ha habido un aumento de incendios y otras cosas. Eso responde al descontento de gente mapuche, que tiene una decepción profunda con el tratamiento, la injusticia y los atropellos que ha estado viviendo permanentemente. Otros se dan por interés de agricultores y las forestales. En conjunto contribuyen, por más que sea por motivos distintos, a crear efervescencia social. Pero tampoco es como la mantienen los medios de comunicación, que prácticamente en la región no se puede andar. Eso no es así”, afirma.
Para Jorge Pinto, “al interior de las comunidades mapuches podemos identificar tres estrategias de supervivencia. La primera es entrar en negociaciones con el ‘invasor’, en este caso con el Estado, y buscar beneficios con la negociación. La segunda pasa simplemente por la integración, y hay una tercera corriente, que fue la que resistió, que no ha buscado una negociación directa, sino más bien subsistir, como plantean algunos hoy día. Pero de todas maneras, yo creo que la disposición al diálogo ha estado siempre presente, aunque la tensión ha sido permanente”.
Sobre lo mismo, Sebastián Donoso explica que, según la encuesta CEP de 2006 de “Los mapuches rurales y urbanos”,un 20% de los mapuches entrevistados declaró que “se justifica siempre” el uso de la fuerza para reclamar tierras, mientras que un 40% respondió que “se justifican en ciertas circunstancias”. En tanto, un 37% -es decir, la mayoría- afirmó que “no se justifican nunca”.
Para el propio Donoso, “cuando uno entiende que acá hay un problema que es un poquito más profundo, que tiene que ver con una justificación velada por algunos de la violencia, basados en discriminación histórica que tuvieron los mapuches y todo este tema de la lucha mapuche, entonces, uno empieza a entender que este es un tema que va más allá de la violencia y el control del orden público, y tiene otras aristas que son las que hay que abordar”.

¿Cuáles son esas aristas? A juicio del experto, en primer lugar está el tema de que, a partir de la década de los 80, empezó a desarrollarse fuertemente y a evolucionar como parte del discurso de los derechos humanos y en general de los organismos multilaterales, la protección de las minorías. Paralelamente con esto, se fue instalando un paradigma que entiende a los indígenas como personas buenas, que conviven en armonía con la naturaleza, que no están contaminadas por el mundo occidental, que no le asignan un valor económico a las cosas, entre otras características.
Según Donoso, “esa evolución de la mirada de los derechos indígenas, desde la órbita de los derechos humanos, en el derecho internacional, más ese paradigma respecto de los indígenas, lo que produce al final es una mirada sobre ellos que los termina de un modo u otro contraponiendo respecto del resto de la sociedad, en particular con el Estado y con el modelo de desarrollo”. Al juntar todos estos elementos, lo que queda es la sensación de que la ‘fórmula de convivencia’, como la llama Donoso, que se ha querido establecer, no ha tenido buenos resultados. Y más allá de los puntos álgidos de conflicto, surge la pregunta de si la institucionalidad con la que contamos hoy en día permite construir una relación armónica y sustentable a largo plazo.
En segundo lugar, las situaciones violentas que han ocurrido recientemente, con todo el dolor que traen, son puntos de inflexión que permiten pensar y cuestionarse cómo dar un paso a más largo plazo, que comience a resolver el problema. A  juicio de Donoso “no hay una solución hoy día al tema. Creer que hoy día somos capaces de solucionar este asunto, es no entender lo complejo que es, y el hecho de que tiene sus raíces hace 450 años”. Sin embargo, sí se pueden ir sentando bases para construir una relación armónica y pacífica entre los mapuches y el país en que están insertos. “Como lo muestra la encuesta del CEP, la gran mayoría de los indígenas se siente chileno. Están orgullosísimos de sus raíces, y no van a renunciar a ellas, pero son chilenos, y no tienen un conflicto con eso”, afirma.
Lautaro Loncón discrepa con Donoso, ya que su experiencia indica que los mapuches que viven en las comunidades sólo se sienten “chilenos por accidente” y que preferirían no serlo. “Para mí es un problema ser chileno. Yo sería feliz siendo mapuche. Pero lamentablemente tengo un carnet de identidad porque vivimos bajo las leyes del Estado chileno”, señala.
¿Qué es ser mapuche?
Por esta misma divergencia de opiniones y apego al país y las tradiciones, no resulta fácil definir qué es ser mapuche hoy en día. Jorge Pinto afirma que “es difícil que alguien no mapuche pueda definir esa identidad. (…) Lo que es claro es que hoy no podemos desconocer la existencia del pueblo mapuche, cuya presencia no sólo está en la Araucanía, sino también en todo Chile. Tenemos la obligación de reconocer la existencia de ese pueblo, que es uno de nuestros pueblos originarios”.
Algo similar da a entender Loncón, pues piensa que “al pueblo mapuche hay que entenderlo como que no responde a organismos centralizados. Nunca fueron de estructura jerárquica. La comunidad indígena es siempre igual y los niveles jerárquicos se dan en el plano de la horizontalidad”.

Según la encuesta CEP de 2006, el 59% de los mapuches entrevistados dijo sentirse una mezcla de mapuche y chileno, de los cuales un 37% afirmó que se sentía igualmente chileno que mapuche. En tanto, el 78% declaró que las comunidades mapuches deberían integrarse más al resto del país. “Creer que hay un conflicto ahí es un poco sesgado, no obedece a la realidad. Por supuesto que hay personas más extremistas, pero la gran mayoría no tiene conflicto con la integración”, afirma Donoso.
Parte del problema está en la actual política sobre el tema. Por un lado está la Ley Indígena, que fue la que generó una institucionalidad: la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena (Conadi), organismo que hoy se hace cargo de esta temática en el país. A juicio de Donoso, la manera en que esto se lleva a cabo es imperfecta, dado que se trata de un híbrido en que por una parte se canaliza la representación indígena, mientras que por otra se trata de una institución del Estado.
“Tiene una naturaleza confusa, no es la institución de los indígenas, pero tampoco es plenamente del Estado. Al final nadie está contento con ella”, señala. Por otra parte, la ley misma, es tremendamente ruralizante. “La Ley Indígena está pensada sobre la presunción de que los indígenas, sin tierras, no son indígenas. Lo cual es altamente discutible, porque el 70% de la población indígena vive en las ciudades”, explica Donoso.
Un tercer punto tiene que ver con la atomización de las comunidades indígenas, problema al que ya se enfrentaron los españoles en la guerra de Arauco. “Es muy difícil llegar a acuerdo entre los actores políticos y las organizaciones indígenas, que tienen mucha atomización; es muy difícil dialogar, porque no tienes un interlocutor claro”, afirma Donoso.
A esto, se suma que los mapuches tampoco sienten que el Estado chileno esté interesado en conversar y mantener los acuerdos, algo que lógicamente dificulta cualquier avance. “El Estado no respeta los tratados. Es el mismo principio que alega el Presidente Piñera respecto del litigio de La Haya, pero lo olvida en el tema mapuche. Eso lo han tenido históricamente los representantes del Estado chileno”, sostiene Loncón.
La gran pregunta: ¿Cómo avanzar en medio de esta crisis?
Todos estos factores han generado, a juicio de Donoso, que se trabaje más haciendo control de daños, que tomando decisiones con visión de largo plazo.A su juicio, la solución es no polarizar el tema: “Yo creo que es importante no convencernos a nosotros mismos de que estamos en presencia de dos visiones muy contrapuestas y que hay que pensar en algo muy especial para conciliarlas, porque creo que eso no es así. Yo creo que parte de la dificultad tiene que ver con la alta carga de emocionalidad que produce la violencia, o la carga ideológica: hace que tú a veces ignores la realidad o la adaptes a tu discurso”.

Donoso destaca además la importancia fundamental del reconocimiento constitucional de los pueblos indígenas. “Es una forma de darles visibilidad, de decir ‘están aquí, los reconocemos, y queremos como país una fórmula de convivencia armónica’”. En esto concuerda Pinto, quien considera esta medida absolutamente prioritaria.
Para el historiador Pinto, la solución radica en acceder a la mayoría de las exigencias que tienen los pueblos mapuches, que a su juicio son muy razonables el reconocimiento, planteado por el propio Presidente Piñera; la devolución de tierras, las políticas que permitan generar un desarrollo de las comunidades a partir de sus propias potencialidades, Y, por último, algún grado de autonomía. A juicio de Pinto, “eso no sólo debe concederse a ellos, sino que este país tiene una vocación muy centralista, y con una convicción de que sólo la unidad nos va a hacer fuertes. Yo no le temo a ese reconocimiento, ni a la autonomía, porque no veo que eso vaya a debilitar el Estado. Por el contrario, va a ser más fuerte, porque seremos un Estado pluriétnico, plurinacional y pluricultural”.
Por su parte, Loncón dice ser consciente de que la solución a la problemática mapuche puede tomar muchos años y que los cambios deben darse poco a poco. Sin embargo, él manifiesta lo que sería una solución a largo plazo para las comunidades indígenas de La Araucanía. “Lo ideal sería tener nacionalidad mapuche, que no es lo mismo que independencia territorial”.
Actualmente, los mapuches que viven en las comunidades de La Araucanía son chilenos,  un porcentaje no se siente como tal (y aparentemente tampoco les gusta serlo), y el Estado no ha conseguido integrarlos convenientemente con la Ley Indígena ni con otros mecanismos, lo que ha producido desuniones tal vez involuntarias, que han extendido el conflicto hasta nuestros días.

Hitos: Cronología del conflicto entre el pueblo mapuche y el Estado de Chile desde el siglo XX.
Antecedentes. Pacificación de la Araucanía: El proceso conocido como tal fue, en la práctica, bastante controvertido, pues con el fin de lograr la ansiada tranquilidad en la zona se cometieron abusos contra quienes vivían al sur del BíoBío. El plan de ocupación que Cornelio Saavedra había presentado al Gobierno, y que primeramente fue rechazado, finalmente se puso en práctica con premura, tras el incidente de Orélie Antoine de Tounens, quien se declaró Rey de la Araucanía. La estrategia finalmente se llevó a cabo, y finalizó con la incorporación de la región al territorio de Chile.
1.- Principios del siglo XX: Período muy conflictivo y convulsionado entre 1900 y 1920, aproximadamente, marcado por los abusos que se seguían produciendo. Muestra de ello fue como se protestó en el Parlamento de Coz Coz, en 1907. Este fue un encuentro al que llegaron caciques de toda la zona, donde se discutió acerca de los atropellos de que los mapuches se sentían víctimas, tras el proceso conocido como “Pacificación de la Araucanía”. La resolución fue defender el territorio y presentar sus denuncias a las autoridades de ese momento. Más tarde, en 1910, se formó la Sociedad Caupolicán, que se hizo cargo de las demandas del pueblo mapuche.
2.- Mediados del siglo XX: Otro momento relativamente álgido, cuando se empezó a hablar de un “cordón suicida”, que asfixiaba la región, argumentando que ese cordón estaba conformado por las comunidades mapuches, que impedían el progreso. Un discurso que también generó fuertes debates.
3.- Fines del siglo XX: Tras la caída del Presidente Salvador Allende se dieron las “corridas de cercos”, con lo que empezaron las recuperaciones de tierras, que castigaron fuertemente a las comunidades mapuches. Luego aparecieron grandes transnacionales, a fines de los 70 y principios de los 80, que no dieron los resultados esperados en términos de progreso de la región, la cual se vio empobrecida, y perjudicó a las comunidades.
4.- Fines del siglo XX, inicio del XXI: Desde la década de los 90 asistimos al último período, en que la situación se vuelve conflictiva, por una serie de factores: la conmoción que causó el quinto centenario del viaje de Colón, la recuperación de la democracia, y los movimientos de toda América Latina. Hay una serie de factores que en los últimos 20 años han venido agudizando la situación. A lo largo del siglo XXI hemos tenido cuatro o cinco ciclos en que el conflicto ha alcanzado una cierta intensidad. Quizás estamos asistiendo al período más intenso de los últimos 10 años, pero esto se viene arrastrando desde la década del 90.
  • 2005: Aucán Huilcamán, tras haber perdido todos sus derechos políticos en 1992, los recupera, y decide lanzar su candidatura para la Presidencia de la República. Finalmente su intención no pudo concretarse, pues no todas las firmas necesarias que había recolectado estaban notificadas debidamente.
  • 2008: La muerte del estudiante Matías Catrileo durante un enfrentamiento con carabineros, en el contexto de la toma del fundo Santa Margarita, en la IX región, generó un amplio rechazo tanto a nivel nacional como internacional. Las repercusiones de este hecho continúan hasta hoy.
  • 2013: La madrugada del 4 de enero ocurrió el ataque incendiario a la casa del matrimonio Luchsinger-MacKay, en Vilcún, en la IX región, que terminó con la muerte de ambos. Este es considerado como el más grave incidente del llamado “conflicto mapuche” de los últimos años.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Muchas gracias por participar en breve publicaremos su comentario