10 feb. 2012

“¡LOS-MI-NE-ROS-DE-CHI-LÉEEE!” Una nueva forma de hacer las cosas

Por Gustavo Ruz Zañartu

La escena se repitió una y otra vez en el yacimiento San José. Cuando cada uno de los 33 trabajadores rescatados asomaba en la superficie, se escuchaba el grito: ¡CEACHEIIIIII! … con el sonoro y orgulloso colofón: “¡LOS-MI-NE-ROS-DE-CHI-LÉEEE!”
Presumo que la gran mayoría de los millones de televidentes que siguieron minuto a minuto la secuencia del gran rescate, olvidaron que la expresión “LOS MINEROS DE CHILE” fue acuñada como slogan por las empresas transnacionales que saquean el cobre chileno y que se llevaron más de 20 mil millones de dólares en utilidades sólo en el año 2009.
Esta cifra es mayor al total de inversiones que dichas compañías realizaron desde su instalación en Chile, gracias a las excepcionales franquicias que les ofreció a los pocos días de asumir el gobierno de Patricio Aylwin, en 1990, en adición a los ya indignos privilegios que les había otorgado Pinochet mediante la llamada “concesión plena” en 1982.
Los presidentes AylwinFrei Lagos mantuvieron en la penumbra sus compromisos con las transnacionales del cobre y -con la activa complicidad de los medios de prensa, radio y televisión- consiguieron que la opinión pública chilena permaneciera inadvertida del robo descarado que se estaba produciendo entre los años 1992 a 2004, con pérdidas siderales para el erario nacional.
Varios factores incidieron para derrumbar el secretismo con que la clase política protegió a las empresas transnacionales del cobre. El escandaloso Tratado Minero entre Chile y Argentina (que incluso fue objetado por el Tribunal Constitucional); la brutal baja del precio del cobre durante ocho años consecutivos motivada por la sobreproducción puesta en el mercado mundial por encima de la demanda; las cuantiosas pérdidas ocasionadas por las corruptas “operaciones a futuro” en Codelco, y una creciente presión de las organizaciones ciudadanas de Chile que reclamaban transparencia, toda vez que los ingresos fiscales derivados de la gran minería se habían reducido a su mínima expresión. Fue el momento en que el Presidente Lagos tuvo que reconocer ante el país que “una dueña de casa que compra un kilo de pan paga impuesto, pero las transnacionales mineras no pagan”. Lástima que se guardó este secreto durante 12 años.
Fue a fines del gobierno de Lagos que el Club que agrupa a las grandes empresas extranjeras del cobre, agrupadas en el Consejo Minero, decidió invertir unos cuantos millones de dólares (¿qué le hace el agua al pez?) en blanquear su imagen contratando espacios publicitarios en los más importantes medios de comunicación del país.
Su mensaje no pudo ser más maquiavélico: Ellos, los rubios mandamases de las empresas más grandes del mundo, se vistieron con el nombre LOS MINEROS DE CHILE. Su mensaje, dirigido preferentemente a la juventud, actúa sobre el temor a la delincuencia, con un sesgo paternalista: “Cuídate. La riqueza de Chile eres tú. Este es un consejo de quienes saben de seguridad. Los Mineros de Chile”. Cualquiera creería que este consejo protector proviene de esos rudos hombres que barrenan las entrañas de la tierra a 700 metros de profundidad, aquellos que el pasado 13 de octubre gritaban a todo pulmón: “LOS-MI-NE-ROS-DE-CHI-LÉEE”.
Así, los rubios conquistadores nos advierten: “No te preocupes que estemos robando dos tercios de la riqueza cuprífera de Chile. Sólo cuídate que no roben tu cartera”. “La riqueza de Chile eres tú” (no es el cobre).
Esto ocurre en Chile, país con la menor libertad de prensa en el continente, en el que no tenemos espacios para responder a esta campaña manipuladora, cínica y avasalladora. La misma maquinaria constructora de sentidos destaca las espectaculares ofertas que reciben desde distintos países los 33 chilenos rescatados, pero oculta que los otros 250 compañeros que no quedaron atrapados en la mina, están con sueldos impagos y no se les ha pagado el finiquito por cese de funcionamiento de la empresa. Esa es la maquinaria que oculta el hecho de que los trabajadores deben resignarse a aceptar empleos en los que no se les permite realizar sus necesidades fisiológicas y, por consiguiente, están forzados a usar pañales desechables para depositar sus excrecencias y orines. Son los mismos cerebros que nos dicen que disminuyó la pobreza, porque no se considera “pobre” a una persona que gana más de $48.000 mensuales.
El presidente Piñera dice que en Estados Unidos hablan del “modo chileno de hacer las cosas”. Se equivoca. Lo que está ocurriendo en Chile, corresponde a lo que, desde mucho tiempo, es “el modo yankee de engañar al pueblo”, lo que también se traduce en “cómo desplumar la gallina sin que ésta cacaree”.
Por Gustavo Ruz Zañartu
Sociólogo
Polítika, primera quincena noviembre 2010

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